Entre las muchas cosas que definen al #findelperiodismo, la más simbólica es la enorme productividad que como hashtag tiene en las redes sociales. ¿Qué significa que#findelperiodismo acompañe todos los días en Twitter a cientos de links de noticias? ¿Qué deberíamos entender que presupone la frase #findelperiodismo cuando su presencia gravita entre las evaluaciones que hacen decenas de usuarios hispanoparlantes de la calidad de aquello que los medios consideran periodismo?
#findelperiodismo: el hashtag
miércoles, 14 de septiembre de 2011
jueves, 18 de agosto de 2011
El “rescate irónico” de un partido minoritario (y simpático y legítimo) como el troskismo, en realidad, también se deja leer como la fase performativa de una voluntad electoral ociosa, dispuesta incluso a dejarse arrastrar hacia la ejecución de su propia broma.
#unmilagroparaAltamira
#unmilagroparaAltamira
Ubicada en la California hippie pero ya republicana de los años sesenta y setenta, este policial sui generis comienza por mezclar un poco del clásico policial de misterio con otro poco del clásico policial negro. El poder del clásico thriller también tiene su lugar y, hasta ahí, todo podría correr el riesgo de sonar convencional.
Pero la clave de la fórmula pynchoniana no está en la mezcla, sino en dejarla fermentar sobre gran parte del imaginario más libertario de lo que pudo ser (y representar, para varias generaciones) el hippismo.
¿El resultado final? Un texto ágil y a la vez melancólico, que con justicia podría llamarse “novela policial lisérgica”. Un género al que los lectores locales también podrán asignarle la enorme cantidad de incomprensibles galicismos que, a la par de las densas nubes de marihuana entre las que vive el protagonista de Vicio Propio, Doc Sportello, corretean de punta a punta en la traducción castellana.
Novela policial lisérgica
Pero la clave de la fórmula pynchoniana no está en la mezcla, sino en dejarla fermentar sobre gran parte del imaginario más libertario de lo que pudo ser (y representar, para varias generaciones) el hippismo.
¿El resultado final? Un texto ágil y a la vez melancólico, que con justicia podría llamarse “novela policial lisérgica”. Un género al que los lectores locales también podrán asignarle la enorme cantidad de incomprensibles galicismos que, a la par de las densas nubes de marihuana entre las que vive el protagonista de Vicio Propio, Doc Sportello, corretean de punta a punta en la traducción castellana.
Novela policial lisérgica
Jonathan Lethem, Lorrie Moore, Junot Díaz, Michael Chabon, Nicole Krauss, Jonathan Franzen. Un nuevo mapa de escritores y escritoras norteamericanos comienza de a poco a renovar el abanico de una narrativa que siempre supo medir desde perspectivas propias el calor de su época y del mundo. De esa tradición que, tan sólo durante el siglo XX, provocó novelistas como Ernest Hemingway, William Faulkner o John Steinbeck, y que también encontró en la invención de géneros tan disímiles y personales como el policial negro (Dashiell Hammet, Raymond Chandler) o el non fiction (Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe) formas para retratar las derivas más inesperadas del “sueño americano”, aún hay voces vigentes.
El veterano californiano James Ellroy –autor de L. A. Confidencial o La Dalia Negra, con sus respectivas películas– es casi el último fabricante de aquellos universos tan desolados por la corrupción institucionalizada que parecen pedir su propia demolición, mientras que voces como la de David Foster Wallace (1962-2008) llevan hacia géneros como el ensayo (Hablemos de langostas) mucho del color y la rareza que parecía patrimonio exclusivo de la escuela del “periodismo narrativo”.
¿Pero qué es hoy “lo nuevo” en una literatura tan amplia como para cubrir en un radio de apenas 60 años nombres poderosos como Thomas Pynchon, Raymond Carver, William Burroughs, Carson McCullers, J. D. Salinger o Charles Bukowski, entre tantos más?
En principio, la mejor tradición “subversiva” del arte norteamericano –si por “subversiva” entendemos aquella lectura a contrapelo del ideario de los “padres fundadores”– todavía encuentra formas de trazar contradicciones sociales y culturales lúcidas.
Un nuevo mapa de autores
El veterano californiano James Ellroy –autor de L. A. Confidencial o La Dalia Negra, con sus respectivas películas– es casi el último fabricante de aquellos universos tan desolados por la corrupción institucionalizada que parecen pedir su propia demolición, mientras que voces como la de David Foster Wallace (1962-2008) llevan hacia géneros como el ensayo (Hablemos de langostas) mucho del color y la rareza que parecía patrimonio exclusivo de la escuela del “periodismo narrativo”.
¿Pero qué es hoy “lo nuevo” en una literatura tan amplia como para cubrir en un radio de apenas 60 años nombres poderosos como Thomas Pynchon, Raymond Carver, William Burroughs, Carson McCullers, J. D. Salinger o Charles Bukowski, entre tantos más?
En principio, la mejor tradición “subversiva” del arte norteamericano –si por “subversiva” entendemos aquella lectura a contrapelo del ideario de los “padres fundadores”– todavía encuentra formas de trazar contradicciones sociales y culturales lúcidas.
Un nuevo mapa de autores
lunes, 4 de julio de 2011
“Un #freelancer es alguien que circula por los enormes territorios de precarización y tercerización que hay alrededor de las empresas periodísticas tradicionales”, reflexiona Mavrakis. Otra vez, aparece acá la práctica periodística como una profesión precarizada, tanto en lo formal como en lo simbólico. Pero en la tesis de Mavrakis parece habitar una esperanza: en ese barro turro del trabajo mal pago, de una profesión sedimentada sobre la violación de todas sus reglas, parece armarse un germen posible de su transformación. “La llegada de nuevas audiencias capaces de customizar su propia demanda informativa provocó un nuevo mundo de ofertas, del que las prácticas y los roles anteriores -como el del “periodista” mismo- quedaron irreparablemente descolocados. Los usuarios de redes sociales, algunos bloggers, incluso quienes informan desde su propia experiencia con los hechos están practicando “periodismo”. Por eso el concepto del “periodista” como agente único y privilegiado capaz de mediar bajo sus propias formas y métodos una información específica entre un público “pasivo” y un mundo que siempre se presupone “inaccesible” para el resto, no es sino una de esas fantasías residuales y casi decimonónicas del #findelperiodismo. En ese sentido, un #freelancer es también alguien que, en un contexto tecnológico en el que los usos y las costumbres tradicionales ligados a la producción de información se licúan simbólicamente cada día más rápido, recorre con mayores posibilidades de autonomía e improvisación los intersticios de lo nuevo. Un #freelancer tiene que crear sus propios contenidos y adquirir sus propias destrezas para ubicarlos donde le resulte más útil a ambos”.
El ocaso de un héroe
El ocaso de un héroe
"Sé que a usted, en general, no le interesa la música. Pero los Beatles son grandes músicos", le dijo Sabato a Borges el 21 de diciembre de 1974, durante una de las conversaciones recopiladas en Diálogos. Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato . "Creo que sí. Mi sobrino me dijo una vez: vas a oír un disco. Lo oí y quedé muy enternecido. Eran los Beatles", cuenta Borges, para sorpresa de su interlocutor y de quienes jamás hubieran sospechado que el gusto borgeano por la cultura anglosajona tenía un rincón para el rock'n roll . Por supuesto que "enternecido", en boca de Borges, puede sonar ambiguo y, a veces, casi acusatorio. En definitiva, se trata del mismo oído que registraba en Gardel un "sentimentalismo barato". Alejado de los detallados juicios estéticos y más preocupado por la dimensión filosófica, por la misma época Woody Allen, en Nueva York, hacía de Lennon, McCartney, Harrison y Starr uno de los grandes hitos existenciales del hombre moderno. ¿Qué era el "hombre moderno" sino "toda persona nacida después del edicto de Nietzsche? Dios ha muerto' y antes del éxito pop ?I Wanna Hold Your Hand'"?, escribe en Perfiles(1975).
Beatles para escritores
Yo he visto también cómo a Murakami había que salvarlo de la multitud en Barcelona para que no le arrancaran la ropa, como si fuera un rockero. Es alucinante. O salas inmensas llenas para escuchar a Almudena Grandes hablando sobre la memoria histórica de España, con gente que llora por asuntos de hace 50 años. Lo que pasa es que esto se da cada vez menos porque los escritores jóvenes están viviendo una decepción extraña. No hay ilusiones fuertes entre ellos. Al menos en España, los escritores jóvenes que conozco están más pendientes del dinero que van a ganar en lo más inmediato o de cómo van a formar sus familias. ¿Qué riesgos van a correr? ¡Ninguno!
El difícil oficio de leer y descubrir
El difícil oficio de leer y descubrir
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
